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La Coctelera

en la basílica

confesiones irreverentes de una santa herética

10 Abril 2008

en mi isla (un sueño) - tercera parte -

Marinero… la luna, nuestra luz de plata, ha venido a sacarme de mil ensoñaciones… marinero, aquí estoy de nuevo, para escucharte-

Me has enseñado tu nave…y me has ido explicando sus partes, tan ajenas a mí, tan desconocidas… pero tan bellos los sonidos con que las nombran… su bello mascarón, sirena de estrellas y de luna, adornada con ¡hojas de palmera!... suavemente mecido sobre el tajamar, insignia y guía, imponente en la proa… la arboladura – los palos, entre ellos el palo de la mayor, las crucetas, la botavara, el tangón…- las jarcias –firme y de labor- las velas… ¡Ay, las velas…! Velamen al viento, queriendo atrapar los vientos para siempre, ¿podré recordar sus nombres?... me las fuiste mostrando, marinero… la mayor, imponente, envergada en su palo mayor… fuerza y vigor de su nave, generadora y propulsora de la nave…el foque, la Génova y el spinnker o balón…¿me dejo alguna, marinero?... me explicaste, marinero, con ese vocabulario tan bello… el lado de popa de una vela triangular, es la baluma… el pujamen, el lado inferior… el lado de proa, por la que se une al estay, palo o percha es el grátil…se afianzan las escotas y drizas en los puños, de pena o de driza, de amura, de escota… con cabos cosidos o relingas…los sables de madera o fibra dan forma a las balumas…

Yo escuchaba absorta y embrujada tus palabras… me perdía en tus maravillosas y sonoras palabras, que me traían ensoñaciones de mar y cielo… de vida, más allá del infinito…

Amurado a estribor, la embarcación recibe el viento por la banda de Estribor… si se recibe a Babor, es amurado de babor…la mejor navegación, ceñir la nave a la bordada… orzando la nave, navegando a través, a un lado o en popa… acunándose a los vientos, unas veces, desafiándolos otras… caer, arribando, a nuevos rumbos o abatir a sotavento… virar de amurado a estribor a amurado a babor o vieceversa…

Tus palabras… seguían sonando a gloria… me adormecían en un canto inmenso, limpio, dulce,… soñaba…

Flamean las velas al viento… amigo, marinero… tus palabras… van sonando lejanas… se caza la vela en ángulo con la línea de crujía… marinero… tus palabras… cargar el aparejo… me adormecen en sueños de … mar… y se relingan y estiran…. en tus palabras, marinero… me abandono… soy ya del mar… soy ya sólo mar… y sueños.

Tags: relatos

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10 Abril 2008

en mi isla (un sueño) - segunda parte -


Una vez más el viento me trajo las palabras... las palabras infinitas...

Pero esta vez las palabras eran más cercanas... lo invadían todo...¡todo!...

Con alborozo, con alegre alborozo...

Y las palabras infinitas, ésta vez, ya no eran apenas notas de una suave sinfonía que resonaran en el alma... eran acordes que rompían el silencio con furia contenida, el aire era ansiosa vibración de palabras quedas...

Estaban allí, en todas partes, en la espuma de cada ola, en cada grano de arena, en cada surco que en ella el paso lento de algún cangrejo hubiera creado, en cada gota de agua evaporada que en el aire se sustentara tímida y recatada, en cada piedra y en cada musgo, en las orquídeas que vanidosas surgieran amparadas en la savia fresca que robaran a las lianas en las que se asentaran, en el cansino marchar de las hormigas en hilera, en el zumbido monótono de la laboriosa abeja, en el rutilante aletear de una huidiza polilla...

Estaban allí, en todas partes, en cada instante, en cada segundo, en todo lo que se movía y en todo lo que permanecía estático... en la playa, pletórica de calladas palabras...

Toda la isla era un sólo sonido, armónico sonido de las palabras infinitas...

*******

Lo supe, enseguida mi corazón lo supo... estaba allí... había venido...

Rauda corrí a la playa, todos los seres de la isla pararon sus ajetreadas vidas un momento para mirar, conmigo, el horizonte...

Allí, apenas un punto perdido en la línea que divide los inmensos azules...

Poco a poco, aquel punto fue haciéndose más grande... poco a poco reconocible la silueta...

El corazón se lanzó a una carrera desbocada... marinero...

Y ahora sí, una nave de oro y plata, con todo su velamen al viento, impecables la mesana y la bastarda, tremolando su gallardete bien ceñido al bauprés, dónde luce una palmera coronada en plata en un campo verde y oro... roja y gualda la bandera, sinople y oro el gallardete... y en el estay, engalanada de fiesta la nave, mil banderolas al viento en señal de gozo, cantando al viento las mil hazañas que en la mar viviera su bien amada barca...

Marinero, ahora sí, volvías a estas playas...

Y toda la isla, en recogido silencio, con esas palabras infinitas que tan bien entendías, te daba la bienvenida...

La luna, mientras tanto, lucía ya explendorosa en el cenit del cielo... y sé, que la ví bien, que en aquel momento me guiñaba un ojo...

Marinero... bienvenido a la isla, a tu isla.

Tags: relatos

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10 Abril 2008

en mi isla (un sueño) - primera parte -


He tenido un sueño, un sueño renovador, como una catarsis interna...

Una nave de oro y plata, todo el velamen al viento... con los últimos rayos del día, rompiendo apenas el equilibrio perfecto del horizonte...

Poco a poco se ha ido acercando a la isla. Lentamente.

La barca ha fondeado en la bahía, cercana, muy cercana al punto donde las armónicas olas realizan su última acrobacia antes de besar la playa. En cubierta unos ojos me han observado mucho tiempo. Un gesto apenas declinaba mi invitación a descansar en la isla. Pero aquellos ojos, desde la distancia, seguían observándome. Y, en el silencio, mantuvimos una sanadora conversación dónde sobraban las palabras... esa melancolía que me afligía poco a poco se fue diluyendo, apartando... y aquellos ojos seguían observando...

*******

Caí en un profundo sueño, soñé con ritmos de tam-tams, con aladas mariposas, con islas de palmeras de otro espacio y con una nacimiento próximo, un gran huevo que rompería y del que nacerían nuevos mundos.... y seguí soñando...

*******

Desperté al alba, y miré rauda a la lejanía, al horizonte...

La nave soñada estaba allí. Hermosa. De oro y plata con todo el velamen al viento. Y su capitán, en pié, seguía observándome, como si no hubiera hecho otra cosa en su vida, y me sonreía. Un instante apenas de brillo se cruzó en nuestras miradas... y en la brisa me susurró mil palabras. Mil calladas palabras...

Y allí, quieta, junto a la palmera vigía de la isla, asistí a todo el ceremonial, al baile que en cubierta presagiaba la partida...

Adiós, visitante... El viento me traerá seguro esas palabras que quedan en el aire, el viento le llevará, capitán, marinero, mis silenciosas palabras de despedida...

Zarpa con buen viento la nave, rumbo al horizonte... Buen viaje, ... vuelve pronto a recalar en mis playas...

Se aleja... apensas una figura en cubierta se adivina... la observo, me observa... Ahora sí, muevo mi mano en señal de despedida...adiós, hasta pronto...

¿Soñé o no soñé... ?. No lo sé, marinero. No lo sé.

Tags: relatos

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9 Abril 2008

ahora es el obispo... ¡esta María!

¡Hay que ver cómo está el servicio!

Otra historia de María... Sí, la chica de la cofia que sumió a su jefa en una orgía desenfrenada con insectos varios... Ante cualquier duda, y para situar mejor a los personajes, os aconsejo que leáis la entrada anterior, titulada "¡cosas que pasan!". De le misma María de cofía y plumero os voy a contar otra anécdota.

En el ambiente "fino" (léase pijo), selecto y pudiente de la familia para la que María trabajaba, es fácil imaginar que tipo de "gentes" eran acogidas como invitados en las reuniones sociales de rigor: alcaldes, empresarios de empaque, prestigiosa clase médica, jueces y abogados de postín, ingenieros de renombre... y toda la flor y nata de la sociedad de la ciudad en la que se desarrollan los hechos (Capital de provincia, bastante rica, y muy, pero que muy provinciana por aquellos años 60-70)...

Día de cena social. Entre los invitados, el obispo. Importante visita, sin duda, en aquella cristiana familia.

La señora recalca a la chica la importancia de dirigirse al obispo con el máximo respeto, propio de su dignidad, y exclusivamente si aquello era absolutamente imprescindible. Imagino que, recordando el suceso de la fumigación, las alertas estaban todas encendidas... Y por ello mismo, la insistencia de la señora en lo del máximo respeto.

Llegó la cena. Como primer plato, una sopa con tropezones de suculentos mariscos. María sirve a los comensales, siguiendo las reglas de protocolo que con tanto esmero y dedicación le habían inculcado sus "señores".

LLegó el turno de servir al obispo. María se paró estática ante el, acercándole la sopera con el exquisito caldo. El obispo, finamente, comenzó a servirse la sopa. Superficialmente tomaba el caldo con el cucharón, sin introducirlo apenas en la sopera....

María estaba observando toda la escena sin poder casi contener sus nervios, viendo como el obispo, en un exceso de celo protocolario, sólo se servía el caldo, pues no "profundizaba" hasta donde se encontraban los sabrosos tropezones. Aquel desperdicio le parecía a María innecesario. Y aquel exceso de celo la llenó de simpatía hacia el obispo, así que, sin poder aguantarse, le indicó, con invitante expresión, la conveniencia de ahondar en la sopa con la sana intención de poder servirse algún suculento tropezón. Y lo hizo, ciertamente, de forma contundente, y de tal guisa:

"Ajonde, ajonde, Su Divina Majestad, que lo bueno está en el culo".

Tags: humor, relatos

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9 Abril 2008

estirpe del placer

.

Lengua, estirpe del placer,

que en ella empieza

y de ella crece hacia su centro,

suplicando encontrar

en tus humedades alimento.


Tu boca es el edén

de placeres escondidos,

y acaso tu pecho

remanso de dos ríos:

los besos de mi boca

de mi mano los sentidos.


Tacto dulce el de tu cuerpo,

miel que acariciase al mío…

para mis dedos, floridos,

mayor deseo y pasión

verse en ti, favorecidos.

Tags: poesia

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8 Abril 2008

el perdón nos hace libres

Gracias y perdón. Palabras cada día más olvidadas en nuestros diccionarios particulares. Tienen en común la humildad y el significar un vínculo positivo con el interlocutor. La pertinaz obstinación por resaltar aspectos negativos en los demás y en las circunstancias suele atrofiar, por desuso, la capacidad de reconocer los bienes recibidos y termina generando el insalubre síndrome del acreedor nunca satisfecho. Pero la convivencia humana se mantiene gracias a la asertividad, a las conductas agradecidas y compasivas de aquellos que entienden ambas palabras.

El perdón, sin entrar en ningún tipo de consideración religiosa, es un acto de libertad, una decisión individual, con unas innegables cualidades de sanación. El perdón no es un acto de resignación, es una decisión consciente que permite que ni la ira ni el rencor se adueñen de los recuerdos. Es una liberación, más que un olvido. En realidad, es una necesidad personal: perdonando liberamos la rabia que nos ha causado la afrenta. No significa olvidar dicha afrenta, sino más bien no vivirla como tal. Recordar es volver a vivir, perdonar es recordar sin sentir. Y en, cualquier caso, supone la ruptura del vínculo doloroso que nos une al agresor.

Las experiencias más dolorosas que otros o sus circunstancias provocan en nosotros van dejando una huella muchas veces imborrable que mina nuestra vida y nubla nuestra paz. Ese dolor sólo puede desaparecer con el perdón, que no es otra cosa que la aceptación, desnuda de emociones, del hecho lesivo y la no implicación afectiva en él, es recordar sin dolor, sin amargura. Podríamos decir que aunque recordamos el frío del invierno, ya no temblamos, pues nos templa el calor de la primavera. Si nos dejamos llevar por las emociones más duras, -rabia, ira, rencor- permitiendo que se adueñen de nuestros actos, los hechos dolorosos crecerán, en lugar de mitigarse, apoderándose de nosotros. El frío del invierno se instalará en nuestros huesos, a pesar del cambio de estación. Por otro lado, el perdón significa la aceptación de uno mismo, de sus limitaciones y faltas. Reconocemos esas emociones antes nombradas en nosotros, permitiendo que fluyan y nos sabemos heridos. Y, perdonando, nos perdonamos a nosotros mismos. La benevolencia con los errores ajenos, facilita la comprensión de los propios.

El perdón es, asimismo, un acto individual, en el que la actitud del perdonado no tiene que importarnos; no es lo mismo que reconciliarse, que es una decisión de dos. Perdonamos en función de nuestra necesidad de liberación del dolor. No significa, ni debemos confundirlo, lo mismo que justificar, excusar u olvidar. No significa no dar importancia a los hechos ocurridos, ni dar la razón a quién nos lastimó. Debemos liberarnos del dominio que la persona que nos ha herido ejerce sobre nosotros mediante el dolor que ha provocado en nosotros y nuestro rencor. Hay que liberar la memoria y permitirnos vivir en el presente. Eso nos aporta el perdón. El mantener las experiencias, por muy dolorosas que sean, en el pasado, viviendo el presente sin la carga recurrente del aquel. El hecho del perdón no borra el mal hecho, no quita la responsabilidad al ofensor ni, en ningún caso, niega el derecho a hacer justicia a la persona herida. El cumplimiento de la justa penitencia por parte del agresor y la reparación del daño son condiciones exigibles, indudablemente. No es cuestión de borrón y cuenta nueva, no. Es incuestionable que las acciones punibles han de ser sancionadas, los agravios han de ser reparados, no por satisfacción personal del agraviado, no como venganza o rencor del agredido por ellos, sino por justicia. Justicia y perdón pueden y deben darse la mano. No son, ni lo deben ser, excluyentes.

Mark Twain, en una frase muy bella, manifestaba “el perdón es la fragancia que la violeta suelta cuando se levanta el zapato que la aplastó”. El perdón, en realidad, hace grande al que lo ejerce, que, como la violeta, da lo mejor de sí incluso cuando el agravio es muy duro. El perdón, en realidad, muestra la grandeza moral del ofendido sobre el ofensor

Tags: reflexiones

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8 Abril 2008

¡cosas que pasan!

Historia con visos de ser cierta...

¿Los protagonistas?: Matrimonio de recursos, de bastante "poderío", en casa de esas de “chica con cofia”, allá por los sesenta. La señora, muy “señora” ella, mucha pulsera, moño siempre impecable y perfume de primera. Uñas largas de manicura diaria, pedicura cada dos por tres y masaje semanal… Lo dicho. Señora pudiente. En resumidas cuentas, sin irme más por las ramas, ¡una pija!. El marido, empresario de pelas, e ingeniero de aquellos de antes, de caminos y puentes... Chaqueta impecable, tenis en un club de campo de postín los viernes tarde y golf los fines de semana. O sea, ¡un pijo!. Vamos. Que tenían donde lucir. Sociedad media alta. ¡Qué tonterías digo!, ¡¡¡alta y media!!!. Desayunos con champagne francés y caviar ruso. Cubertería de plata y vajilla de Sèvres. Y chica con cofia.

¿El escenario?. Hermoso chalet familiar -¿chalet o mansión?- rodeado de un lucido jardín estilo francés, con cuidadísima ornamentación floral.

¿Los hechos?. Estábase un buen día la postinera señora ataviada con sencillo batín de flores de seda india, es decir, atuendo vespertino de "andar por casa". Habiendo terminado la sesión de pedicura de aquel día -'¡Gracias, Vanessa, la espero a Vd. de nuevo el viernes!'-, asióse una regadera y una pequeña fumigadora y a pasos gráciles pero decididos, aproximose a la puerta que comunicaba la mansioncilla con el jardín. Apercibió a la “encofiada chica de servicio” sobre su intención de salir al jardín para proceder al cuidado y regado de sus preciosas plantas.

María”, le dijo a la chica, que debería llamarse así, cuando así la nombraba, “salgo al jardín a fumigar a los insectos. Si alguien llamara por teléfono, comuníquele que estoy muy ocupada y no puedo ponerme. No estoy para nadie. ¿Ha entendido, María? ¡Para nadie! Ese jardín precisa un buen cuidado… Hasta que no acabe con todos esos insectos, no estoy para nadie

La tal María, chica buena y fiel donde las haya, pero más bien cortita de entendederas… -o sea, más bruta que un arado, dicho en Roman Paladino-asintió a su señora y siguió calladamente sus labores de limpieza.

Al rato sonó el teléfono y María, pronta, acudió a atenderlo.

La llamada era del "señor", que quería hablar con la "señora". María, solícita a la petición recibida, contestó que la "señora" no podía ponerse. Evidentemente, el marido, extrañado, preguntó el motivo de aquello, a lo que María, con expresión contundente que diera mayor fuerza a la frase, contestó:

-Lo siento, señorito.¡¡ La señora está en el jardín "fornicando a los insurrectos" y hasta que no termine con todos, no se pone !

Tags: relatos, humor

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7 Abril 2008

se ahogó la inocencia

El agua tibia caía sobre su cuerpo mientras las lágrimas martilleaban el alma.

Recordaba... No podía separar de la mente el dolor ni la vergüenza.

Se enjabonó, rabiosa, el cuerpo entre temblores y sacudidas. Pero no le llegaba... aquello no le llegaba. Utilizó un estropajo. Necesitaba borrar el recuerdo de aquellas manos que inspeccionaban, sin rubor, sus rincones; de aquellas impúdicas manos que mancillaban sus ilusiones y frustraban sus esperanzas.

Restregró sus pechos hasta hacerse sangre, pretendiendo con ello eliminar aquella apestosa baba que los inundara apenas unas horas antes. El sucio recuerdo de aquellos obscenos labios aferrados a sus pezones la hizo perder la consciencia del instante, y no sintió el dolor de la piel que ahora se arrancaba en cada fricción, ni sintió el calor de la sangre que manaba de ellos.

No perdonó de aquella fiebre por limpiar su cuerpo, tampoco, a la piel del vientre, queriendo borrar la huella de aquellas terribles manos que lo amasaron...

Y creyó morir cuando el estropajo se acercó a su sexo dolorido. No podría nunca arrancar de su interior aquel dolor que la apresaba al desconsuelo. Pudo refregar con auténtica desesperación el vello púbico, lastimando sus labios... pero no podía restregar en su interior y eliminar aquel repulsivo humor que la llenaba de inmundicia...

Caía por su cuerpo el agua, por su alma las lágrimas... ¡cristales rotos!

...

No podría desprenderse nunca de aquel "¡NO!" que gritó suplicante. Resonaban en sus oídos aquellas otras palabras que le helaron el alma y paralizaron su cuerpo: "has venido conmigo, ¿no?, a esto veníamos... pues ahora no podrás rechazarme. ¡Abréte!, ¡Abréte!... o lo haces, o seré yo el que te abra."

Y ya sólo un "no, por favor no... ", No sirvió para nada. Aquellas manos, en las que quiso creer antes, ahora la ultrajaban.

Sus súplicas se ahogaron en el frenético empuje de la lujuría que sobre su cuerpo se abalanzaba... y se ahogó, con ellas, su inocencia, entre las embestidas y gemidos de aquel que ya no reconocía y que un día le juró que la amaba...

Tags: relatos

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Sobre mí

He mirado el horizonte, buscando el azul de tus ojos. Y he perdido mi mirada en la tuya, allá dónde se pone el sol, todas las tardes. He mirado al horizonte, buscando el amor en tu mirada. Y he descubierto la luz en su más bella intensidad. Me he perdido en tu mirada, y he hallado la luz
*******

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